Mi padre es un ser absolutamente machista y conservador, desde el principio se opuso a mi condición de uniforme, luego al saborear el poder llegado a su casa por mi intermedio, se dejó seducir.
Trabajaba en el campo administrado por él, medio día mientras en el intertanto estudiaba. Aún no me recuperaba del susto de ver llegar una camioneta de los militares, todos pintados y pintarrajeados como si se llevaran al mismísimo demonio que los amenazaba con violar sus esposas y secuestrar sus hijos o peor aun, atropellar su orgullo militar de ejército jamás derrotado. "Remiso" era el nombre que me daban, las chuchadas las conocía perfectamente, si la palabra anterior me hacía dudar, éstas me dejaban en claro que querían que los acompañara. En honor a la verdad debo decir que no me golpearon el cuerpo, sólo mi fortaleza espiritual por la sola pajaronada de, por tanto postular a uniformado, olvidar revisar los llamados al reclutamiento obligatorio. Finalmente al sacar el habla me han dado la oportunidad de mi vida, conseguir documentos que avalen mis palabras y salvarme de que se me helara hasta el poto en la nieve de los Andes Central.
En busca de ese trámite me enteré antes del tiempo oportuno que sí era aceptado como un ciudadano de "primera categoría", entonces, junto con calmar las aguas verde olivo, me quedé a esperar que el verde caqui formalizara mi aceptación.
Hasta el fundo llegó un carro con un oficial, quién al verme de arriba a abajo, botas de agua, herramienta agrícola en la mano, hizo una mueca de desagrado como diciendo y esta huevada será igual que yo?... no igual no, él era rubio, chico, pero rubio y eso era lo importante...